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lunes, julio 25, 2011

Uruguay, Paraguay y losotros


El comentario que pone fin a todos los comentarios

El periodismo deportivo nacional después de nuestra justa eliminación de la Copa América se ha dedicado a embolinarnos la perdiz con la ida de Sánchez al Barcelona en donde va en calidad de reserva, después de muchas cachañas inútiles y un solo gol en el torneo, celebrado como una joya en consecuencia que tenía un zaguero y al guardavallas al frente, entró de casualidad. Somos tan idiotas que enviamos periodistas a Barcelona para cubrir el acontecimiento. Los medios nacionales quieren hacernos creer que Sánchez va en plan de salvación del Barza, nada más lejos de la realidad. Ha sido patético mirar las entrevistas de los enviados especiales que fuerzan a sus interlocutores, casi siempre chilenos, a alabar a Sánchez. Como si de algo sirviera al fútbol nacional que está de regreso a su triste realidad después que nos dijeran directamente, algunos entre líneas, que íbamos a ganar la Copa. Volvimos a jugar como lo hacíamos con Olmos y Acosta, después del veranito de San Bielsa, en que los menos dotados demostraron que también podían.
Con Borghi dimos cien pasos atrás y el partido con Venezuela lo demostró muy graficamente en el primer tiempo, en donde si hubiésemos tenido al Quesos Kumey al frente no le habríamos metido ni una miserable pepa.
Nos vamos en pura boca porque somos malos para la pelotita como solía decir don Bernardo Pelén. Inició la boconería el señor Jadue, que vaticinó "una clasificatoria espectacular" dirigida por Borghi. La iniciaremos en octubre frente a Argentina y ojalá Karadima nos pille confesados. De paso recordemos que la actual directiva de la ANFP anunció un entrenador de nivel mundial y como el mundo para ella es demasiado ancho sólo pudieron encontrar a Borghi.
Conclusión, señores periodistas deportivos dejen de seguir al Barcelona y sigan los aconteceres de nuestros equipos, lo primero es paja y autocomplacencia, y si tomamos los dichos de
Karl-Heinz Rummenigge sobre Arturo Vida, de quien expresó que no tenía palabra ni moral. Ahí tenemos algo de que preocuparnos en serio.